"The Daydreamer" de Ian McEwan (1994)
Daydreamer es una palabra muy evocadora que no existe en castellano. En español fué traducida como "
En las nubes" pero es equívoco y no contiene todo el sentido de la palabra en inglés. En
catalán tenemos la palabra "
somiatruites" que creo que abarca la mayor parte del significado del vocablo inglés.
En algunos lados, definen a "The daydreamer" como una novela juvenil aunque creo que esa clasificación la limita.
Es un conjunto de siete historias de un niño y sus sueños diurnos que en definitiva son los que los niños suelen vivir, en los cuales la vida cotidiana se integra en su mundo imaginado. Sensibles, divertidas, todo un esfuerzo de recreación del mundo infantil, lleno de imaginación e imposibles.
Hace poco leí un clásico de los libros juveniles: "
Juan Salvador Gaviota"
(en inglés: Jonathan Livingston Seagull) de
Richard Bach, todo un referente en la literatura sobre
autosuperación y
autorealización.
Recuerdo que cuando era pequeño, esta novelita (lo digo por su brevedad) junto con "
El Principito" de
Saint-Exupéry formaban parte de un libro que "LaCaixa" regalaba a sus clientes. [Ahora los bancos ya no regalan libros

Bueno regalar-regalar, nunca han regalado nada]
Ambos libros tienen algo en común:
Richard Bach ha declarado que, en cierto sentido, él no es el autor de
Juan Salvador Gaviota. Afirma que las palabras le llegaron en visiones, y que él simplemente las escribió
.
No ha hecho otra declaración similar sobre ninguna de sus otras obras.
Lo mismo pasó con Saint-Exupéry: escribió "El Principito" durante una convalescencia después de haber pasado largos días en el desierto del Sahara, después de que su avioneta se estrellara, viendo visiones, entre el sueño y la realidad.
[Anécdota: ambos, Bach y Saint-Exupéry son expertos aviadores profesionales. Bach es instructor acrobático y Saint-Exupéry era piloto postal.]
Estas dos novelas derrochan imaginación. No otras obras de estos autores.
De hecho, hace unas semanas leí una de las últimas novelas de Bach, "
Vuela conmigo" y no me pareció ni la mitad de buena.
El resto de las novelas de Saint-Exupéry tratan sobre sus experiencias como piloto postal (recuerdo haber leído hace años "Courrier de Minuit") y no tienen demasiada magia, "El Principito" es una excepción.
Para los dos autores, el "daydreaming", las visiones en semiconsciencia (en la edad adulta) les inspiró novelas que llegarían a ser consideradas clásicos infantiles o juveniles. Aunque creo que el término
"clásico juvenil" está mal usado. Son clásicos y punto. No hay ningún clásico llamado infantil o juvenil que no sea una
excelente lectura para adultos (Grimm, London, Carroll, Barrie, LaFontaine, Verne, Salgari, Christie, Conan Doyle…).
Posted via email from Ignasi Capdevila
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